jueves, octubre 02, 2014

Redes sociales: Peligroso uso terapéutico del escandalismo viralizante



Se manifiesta en las redes sociales, un fenómeno sobre el que no tenemos control y probablemente, tampoco conciencia de que existe y de que somos parte de el: el escandalismo. Sobre base cierta o no –no importa que sea creíble o que tenga fundamento- se desata un tema de improviso y como el toro candil, sale a atropellar lo que está enfrente. Ciertamente el toro de cornamenta ardiente es parte de un juego pero el escandalismo parece más bien una herramienta.

Puede que algunos escándalos estén siendo desencadenados con propósitos. En algunos casos será solo el divertimento popular. En otros, quienes los desatan pueden buscar el escrache y se aprovechan de las ganas de conflictuar que está cada día más latente en el ánimo del público, del mismo modo que los vecinos en días de raudales, aprovechan su oportunidad para lanzar su propia basura al torrente y liberarse.
Funciona exactamente igual. Porque lanzar basura al torrente, es un fenómeno cultural, se entiende perfectamente lo que ocurre en lo que se llama viralización de un tema en las redes sociales, donde la gente aporta su basurita que por cierto es abundante. Tenemos mucha basura en el patio. Entienden lo que quiero decir.
A lo mejor uno le tiene bronca a Juan y el escandalo se mueve contra Pedro, pero como uno tiene basura disponible para lanzarla como arma arrojadiza, aprovecha el momento y se lanza contra Pedro que nada tiene que ver. En circunstancias de bronca y “mala onda”, parece ya importar muy poco quien sea el destinatario.
Más bien lo que parece interesar al gentío expectante y ansioso, es que hay un tentador escándalo disponible que hay que aprovechar antes de que se acabe y no lamentarse después porque dilapidó su brillante oportunidad. Esto queda claro que es así porque uno lee frecuentemente en los tópicos, comentarios de gente que llego tarde ya a la batahola y expone comentarios tipo: “¿de qué me perdí?”.
Es que tenía tanta basura acumulada que lanzar al torrente y ahora habrá que esperar la siguiente lluvia. Vemos sin embargo que este 2014 está teniendo un cargadísimo calendario de escándalos.
Los dos últimos escándalos fueron el relacionado con el diezmo y la lactancia en centros comerciales. Estas manifestaciones bulliciosas, intensas y desordenadas, tienen sin embargo una dinámica muy sencilla: nacen, crecen, alcanzan un clímax e inmediatamente pierden fuerza para desaparecer, ya sea porque apareció otro escándalo más jugoso o porque la gente se aburrió o ya se descargó anímicamente y se siente en paz consigo misma. Ya goza de su liberación momentánea del veneno que la atormentaba.
El estudio, el trabajo, los problemas de la vida son generadores de carga anímica negativa y los expertos han de estar estudiando el uso terapéutico del escandalismo en redes sociales y de cómo en estos tiempos de vida virtual, la gente se ingenia para darle un uso curativo.
Pero ojo, no es normal que una marca, una empresa, una persona sirvan como blanco para liberar tensiones personales de otros. Es peligroso el ingreso a esa dinámica porque tenemos que entender que así como funciona el acto de tirar basura a los raudales, esa basura un día tapona los drenajes y la ciudad se inunda. Nos desagrada el resultado final y su solución es costosa.

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